La editorial empezó en una sala de casa. La abuela sirvió un té y pan con mantequilla a un grupo de escritores que acababan de sacar el DNI. La editorial no era claramente una editorial, ni los escritores, escritores; pero había una inocencia que fue el motor de este sueño maratónico.

La quimba peruana. Teníamos que movernos rápido, sacar adelante nuestros libros sin grandes presupuestos. Nos auto-educamos y fuimos preguntones en todos lados, con todos los involucrados en el proceso del libro. Nada nos frenó. Sabíamos que si construíamos una editorial atractiva los escritores llegarían, y buenos lectores también.

Hemos sido como Yugoslavia. Una especie de país no alineado. Ni socialismo, ni capitalismo. Hemos aprendido a aprender de todos y creer en lo que nuestro entorno no cree: por eso aspiramos a crear un catálogo internacional y volvernos una referencia en Latinoamérica. En eso estamos.

Todos necesitamos follar. Necesitamos de política, de historia, de arte, y enfrentar nuestro tiempo. Es por eso que iniciamos nuevos sellos y fuimos aprendiendo a seducir a nuevos lectores. Lo que empezó en una sala de casa sigue ahí, solo que esta casa está creciendo, y hemos dejado que así sea.